El llanto de Loreley

Entre la realidad y el más allá.

Los espacios grandes como las naves logísticas, suelen producir, cuando están solas, toda clase de ruidos y estos pueden llegar a confundirse con las cosas más insólitas. Se sabe que más del 40% de la población del planeta cree que existen fenómenos de orden paranormal y para quienes trabajan en seguridad o en la limpieza en horas de la noche, esto puede convertirse en una verdadera pesadilla.

En un lugar de San Javier, en Murcia, España, Manuel, un joven de 30 años había conseguido trabajo como guardia de seguridad en un polígono industrial. Algunas de las naves habían sido remodeladas porque eran construcciones muy antiguas. En su primer turno en la noche escuchó ruidos raros, eran como de lamentos y sollozos, no les prestó mucha atención, porque pensó que podían ser efectos causados por el paso del viento que corría entre los árboles cercanos. Pero el segundo día, volvió a oír lo mismo en una de las naves y esta vez comenzó a tratar de ubicar la fuente de aquellas quejas. En la medida que se acercaba al lugar de donde provenían aquellos fantasmales sonidos, las bombillas comenzaron a apagarse y prenderse. Presa del pánico, no alcanzaba a llamar a su supervisor a través del radio portátil que le habían asignado.

Manuel solo se quedó paralizado, mientras la situación pasaba. Para él duró una eternidad. Luego de lo sucedido, corrió de inmediato a la oficina del supervisor y se quedó esperándole para reportarle lo que había ocurrido. Su palidez y sudoración profusa, además de una respiración fuera de ritmo y de alta frecuencia, alertaron al supervisor apenas lo vio.

Después de escuchar lo que había vivido, sonrió y le dijo, “¡ah!, ella es Loreley. Una joven que murió hace muchos años aquí y trabajaba para los antiguos dueños de la propiedad. Dicen que tuvo una muerte horrible ocasionada por una explosión ocurrida debido a un escape de gas y que en sus últimos momentos de vida, lloraba porque dejaría a su hijo solo. La gente quería ayudarla pero había quedado atrapada bajo unos escombros que cayeron del techo con el accidente, allí soltó su último aliento”.

Manolo, estaba atónito al escuchar tan escalofriante historia.

¿Realidad o ficción?

Lo cierto es que, todos en la nave conocían la historia y esperaban a que los trabajadores nuevos fueran bautizados por aquel hecho paranormal.

Tanta fue la insistencia del joven, que los dueños accedieron a realizar una sesión con espiritistas para buscar erradicar la situación y casi todos los empleados estuvieron de acuerdo. Manuel alegaba que era un alma en pena que necesitaba descanso y que no era justo que esta se mantuviera así por la eternidad, sufriendo tan horrible padecimiento.

Pero uno de los empleados, que para nada creía en esas cosas, propuso que se buscara a un experto en asuntos paranormales; pero con carácter científico y atacaran de esa manera el problema, él mismo conocía a un profesor de la universidad donde estudiaba y lo postuló para que hiciera la investigación.

¿Qué pasó?

Aunque la mayoría de los empleados estaban de acuerdo con la opción de los espiritistas, la gerencia prefirió contratar al científico.

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Después de una semana de profunda investigación en el lugar, el profesor tenía una respuesta al problema. Descubrió que en la parte posterior de la nave, había una caldera que presentaba desperfectos por falta de mantenimiento y por las hendiduras en el metal que conducía los residuos del vapor hacia arriba, salían gases. El profesor los identificó como monóxido de carbono. Los gases se acumulaban durante el día en el pasillo y la concentración era tal en la noche, que afectaba a cualquier persona que se acercara al lugar. El efecto de la exposición a este tipo de residuos produce alucinaciones que perfectamente podían explicar lo vivido por las personas que permanecían por unos minutos en la noche en aquél lugar.

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En el día no sucedía nada porque estaban abiertas puertas y ventanas y el flujo de aire hacía que ese monóxido de carbono circulara, bajando los niveles de concentración y con ello sus efectos alucinatorios.

El evento sirvió para arreglar la caldera y evitar que los empleados se vieran afectados por esos gases tan dañinos.

Después de arreglado el problema de la caldera, muchos empleados, incluyendo a Manuel, aseguran que Loreley sigue en pena y sus lamentos siguen escuchándose por los pasillos de la nave.